Martín de Oleza, barón de Alcalalí y Mosquera 

«¡Claro que hay nobles pobres!»

Entrevista a Don Martín de Oleza

La escalera de mármol se enrosca altiva por esta finca de 1906 pegada a la Gran Vía Marqués del Túria de Valencia. El cartel de alarma en la puerta intenta disuadir a los ladrones. Las paredes del salón lucen retratos de antepasados ilustres, árboles genealógicos que exhalan abolengo, y escudos en piedra con las armas de la familia. La asistenta

doméstica responde al timbre y al teléfono y trata con exquisitez al dueño de la casa… No cabe duda de que la casa de Martín de Oleza Peris, barón de Alcalalí y Mosquera, es el abarrocado marco que cualquier profano en la materia asociaría a un miembro de la nobleza valenciana. Pero los tópicos y las ideas preconcebidas sobre el barón terminan en el delicado pañuelo blanco que asoma del bolsillo superior de su chaqueta.

Para Martín, un hombre muy cercano, hoy también es un lunes de intenso trabajo -se ha escapado un par de horas para atender con gran amabilidad al periodista- y acaba de recibir una de esas cartas de Hacienda que a nadie agradan. En esta semana en que la alta nobleza española suscita curiosidad e indignación casi a partes iguales con la boda de la duquesa de Alba, Martín de Oleza -también abogado experto en derecho nobiliario en su empresa Sociedad Jurídica Nobiliaria- conversa sobre la verdadera realidad de los nobles actuales. Que es mucho más plebeya, dice, de lo que intuye la sociedad.

¿Qué implica hoy ser noble?

La nobleza es algo que a uno le corresponde por nacimiento, que se lleva por dentro y que no tiene más importancia que la que uno le quiera dar. Es algo privado que no tiene ningún beneficio ni privilegio social. Ni lo tiene ni lo debería tener, porque eso acabó en 1830 con la abolición de clases y estamentos.

¿Y cómo es un noble del s. XXI?

Es una persona que come como las demás, que pasa las mismas dificultades económicas que el resto de ciudadanos, que ha de pagar la hipoteca, la luz y el agua, como todo el mundo, y que ha de trabajar mucho para sacar adelante a su familia. Lo único que lleva aparejado es un título nobiliario que le viene de familia y que lo lleva con mucho orgullo y con la mayor discreción posible. Porque uno no va por ahí con un cartel que diga «soy barón». No, en mi caso sólo lo saben las personas más cercanas.

Y cuando dice que es barón, ¿cómo reacciona la gente?

Hay que ir con cautela, porque de esto ni se puede ni se debe presumir. Hay personas sencillas que interpretan que te crees superior a ellos, cuando no es así, y otras personas muy prepotentes que, cuando lo saben, replican: «Tú serás barón, pero yo soy mucho más rico que tú».

Porque para conservar el título no hace falta ser rico.

El título no es una carga económica. Sólo se paga un impuesto especial una vez, cuando se produce la sucesión. Cuesta desde 1.700 euros, cuando hay una sucesión ordinaria de padres a hijos, hasta los 10.000 euros que cuesta la rehabilitación de una Grandeza de España.

¿Tiene encaje la nobleza en un país donde se predica la igualdad?

A ver: todos somos iguales ante la ley. Esto puede parecer una rareza o un anacronismo, pero no hay que darle más importancia. Porque el título nobiliario viene a realzar un reconocimiento que la Corona hizo a un antepasado tuyo. Pero ni vas a cenar gratis en los restaurantes ni dejarás de pagar a los taxistas. Lo que ocurre es que este mundo está adulterado por la imagen que dan la televisión y la prensa rosa de los nobles, por gente como la señora ésta [la duquesa de Alba] que ahora se casa. Ahí está la confusión: ni todos somos iguales, ni tenemos los mismos patrimonios, y hay mucho que preferimos pasar un poco más desapercibidos. Que quede claro: los nobles ni llevamos peluca blanca, ni telarañas en los trajes, ni somos gente rara, sino tan normal como cualquier otra.

¿Pero hay nobles pobres?

Sí, claro que hay nobles pobres. Yo tengo algún amigo con título nobiliario que se ha arruinado con sus empresas. También conozco a muchos sin fortuna personal. Y eso sí: todos trabajan. Insisto: el título nobiliario suele llevarse con mucha naturalidad y sólo es algo que te viene de tus antepasados.

¿Y la mayoría sigue queriendo heredar esa distinción?

Sí. En algunos casos se llega a un acuerdo amistoso dentro de la familia, pero hay otra gente que se mata por el título nobiliario. Hay pleitos entre hermanos, y sobre todo entre primos, por recuperar el título que repartió su antepasado.

¿Qué futuro aguarda a la nobleza? Seguirán habiendo barones, condes, duques y marqueses…

Sí, siempre van a haber. Para que desaparecieran, tendría que haber una República, que es incompatible con los títulos nobiliarios. De lo contrario, los títulos son perpetuos y pasan de padres a hijos. Pero la nobleza sólo será algo privado.

¿Hay relación entre la nobleza valenciana?

Hay instituciones estrictamente nobiliarias, como el Santo Cáliz o la Maestranza de Caballería, que se reúnen algunas veces al año. Pero relación de gueto o de secta cerrada entre nobles no la hay ni debe haberla. Esto no es una categoría social ni debe serlo. Mira: como dice aquella anécdota relacionada con Cánovas, el noble «desciende de», va de más a menos, mientras que el campesino «asciende a», va de menos a más. Por el mero hecho de tener un título nobiliario no se es más que nadie. Al revés: tienes que ir con cuidado de no manosear, menospreciar, ensuciar ni perjudicar tu origen.

¿Qué responde a la gente que sólo ve «caspa» en este ámbito?

Todo es opinable, por supuesto, pero a mí me parece mucho más casposo y fuera de lugar un actor o un famoso excéntrico que derrocha el dinero de forma obscena cuando hay gente muriéndose de hambre en el mundo. Si yo fuera por la calle con peluca y presumiendo de baronía, evidentemente estaría fuera de lugar. Pero la mayoría lo vivimos como algo privado. La gente que tiene esa concepción de los nobles, ni se ha enterado que yo he comido en su bar o he subido en su taxi.

Se nota que «vive» el título.

Lo llevo con mucho orgullo, sí, pero dentro de mi casa y sin obsesión. Porque sí que hay gente que sufre la enfermedad de titulitis.

Una curiosidad: ¿Cuándo estuvo en Alcalalí por última vez?

Este año estuve allí. Yo he sido abogado del Ayuntamiento de Alcalalí (la Marina Alta) en el pleito de segregación municipal entre Alcalalí y la Llosa de Camacho, que era pedanía de Alcalalí y ahora es entidad local menor y que no logró separarse como municipio independiente. También soy amigo personal del secretario municipal, les he donado un archivo y he acudido a sus fiestas cuando me han invitado.

¿La gente del pueblo le conoce?

Sólo conozco a media docena de vecinos.

¿Y cree que la gente está cómoda sabiendo que tiene un barón?

Creo que, en general, ni lo saben.

¿Tiene hijos que asumirán el título?

Sí, tengo dos, y lo heredará el que lo quiera. Ni el mayor, por ser varón, ni la pequeña, que es mujer. El que lo quiera, lo tendrá. Pero yo no voy a someterlo a cuestión de Estado.

¿Y no se habla de eso en casa?

Los niños aún son jóvenes, pero sí que se habla, sí… ¡Será barón el que mejor se porte!

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Paco Cerdà valencia

Valencia / 10-11-2004 / 04:00

El Levante